15 de diciembre de 2009

Armas de destrucción masiva

El pasado día 30 de Noviembre los suizos votaron una consulta popular para decidir si se prohibía la construcción de minaretes en las mezquitas, impulsada por el partido de extrema derecha, Unión Democrática de Centro (UDC). Finalmente fue aprobado con un 57% de apoyo popular, cuando unos días antes las encuestas situaban este apoyo en solo el 37%. ¿Hizo el miedo a lo políticamente incorrecto que la verdadera opinión de los suizos no se reflejara en las encuestas de opinión previas?


Esta consulta se ha llevado a cabo en un país de 7.500.000 habitantes, donde casi 400.000 son musulmanes, y solo existen 4 minaretes (en las mezquitas de Ginebra, Wagen, Winterthur y Zurich). El minarete es percibido como un símbolo de la “invasión” musulmana en Europa, pese a ser un país con solo un 4.4% de población musulmana. ¿Qué diríamos de Francia con un 7.5%? El famoso islamista suizo Tareq Ramadan, decía el otro día en un conocido periódico español, que lo que se votaba no eran los minaretes, si no propia inmigración musulmana, pero sobretodo, su reciente “visibilidad”.


Personalmente comparto la opinión de que lo que se debatía no era un elemento arquitectónico, sino la actitud de la sociedad suiza frente a la inmigración, pero no una inmigración cualquiera de las que lleva recibiendo desde hace un siglo el paraíso de los refugiados políticos, si no la de un tipo de población que no comulga ni comprende absolutamente nada del pensamiento filosófico, cultural (amen de religioso) del país donde llegan, personalizada en la musulmana. Se percibe por parte de la sociedad suiza una defensa ante el cambio y para mantener su propia posición preponderante en la sociedad, e incluso de querer mantener su laicidad como pueblo. Algo que creo totalmente legítimo, frente a una amenaza, que perciben y describen como misiles nucleares que amenazan a su propia bandera, aliñados con una figura tapada con el animadversado burka que incita a la desconfianza y la confusión.


Si de algo estoy seguro, es de que no será la ultima vez que oigamos hablar de los minaretes suizos, pues plantean de forma clara y descarada uno de los principales problemas que tiene Europa, y al cual en mi opinión no quiere enfrentarse; la inmigración en general y aquella difícil de integrarse(la) en particular. Además, esto ya ha traído colación como por ejemplo el boicot del gobierno turco a los bancos suizos, o la presentación de iniciativas similares al referéndum suizo en Dinamarca, Países Bajos o Bélgica.

Arriba, uno de los carteles de la campaña suiza

1 comentario:

Laura Muñoz la (futura) politóloga dijo...

Es interesante como puede llegar a plantearse el "problema" de la inmigración. Yo pensaba que los suizos eran más abiertos. Cuando escuché el resultado me quedé boquiabierta...
El problema no son los minaretes, el problema son las dificultades de comunicación entre grupos.